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El
toro se erige en protagonista, sobre todo en los célebres encierros,
que discurren por el Casco Viejo de la ciudad, centro del jolgorio, junto
con las peñas, la comparsa, la música... Pero también
los pamploneses reservan su tiempo para rendir culto a San Fermín.
Tres son las ceremonias religiosas en las que los ciudadanos muestran
su devoción al copatrono de Navarra: Vísperas, Procesión
y Octava. |
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Según
cuenta la tradición, el obispo Saturnino, envió a Pamplona,
en el siglo III, a uno de sus discípulos, Honesto, que logró
la conversión al cristianismo del senador romano Firmus y de toda
su familia, uno de cuyos miembros era Fermín. El futuro santo, educado
por Honesto, comenzó a predicar por la zona a los 17 años.
Siete después, fue ordenado obispo y se le encomendó como
misión el apostolado. En ese momento inició un largo periplo
por Francia, donde su habilidad como predicador y sus milagros le dieron
fama. Devolvió la vista a un ciego, sanó a leprosos, paralíticos,
endemoniados y enfermos de todo tipo. Convirtió a miles de personas
hasta llegar a Amiens, en el norte de Francia. Allí, el gobernador Sebastián, para poder recuperar el culto a Júpiter y Mercurio, ordenó que Fermín fuera ajusticiado. Tras ser encarcelado, fue decapitado con un sable. Por ello, y en recuerdo a su martirio, los pamploneses lucen el pañuelico rojo anudado al cuello durante las fiestas. Sus restos, encontrados milagrosamente en el año 615, descansan desde entonces en la catedral de Amiens, la cual ha donado a lo largo de los siglos pequeñas reliquias a la Iglesia navarra que han hecho que se incremente el culto a San Fermín.
Las Vísperas Solemnes cantadas en honor al Santo datan del siglo XV y se celebran el día 6 a las 20:00 horas en la capilla de San Fermín, situada en la iglesia de San Lorenzo, constituyendo el primer acto religioso de las fiestas. A esta función acude la Corporación municipal vestida con traje de gala: frac, guantes y chistera, los hombres, y traje inspirado en los atuendos tradicionales de los valles de Roncal, Salazar y Aézcoa, las mujeres. Les acompañan cientos de pamploneses para presenciar la misa solemne en la que interviene la Capilla de Música de la Catedral de Santa María, junto con los músicos de la Orquesta Santa Cecilia y tiples de la Escolanía de Loyola.
El 7 de julio a las 9:50 horas la Corporación, vestida de gala, sale del Ayuntamiento hacia la Catedral para recoger al Cabildo. Minutos después gigantes, "txistularis", gaiteros, clarineros, timbaleros, maceros, libreas, escoltas, representantes de las peñas, de los gremios históricos y de la Hermandad de la Pasión del Señor se les unen y marchan hacia la iglesia de San Lorenzo para acompañar al Santo en procesión.
El 14 de julio, a las 10:45 horas, la Corporación vuelve a salir en procesión para asistir a la Octava de la festividad del Santo, que se celebra en la iglesia de San Lorenzo. La Corporación Municipal acude una vez más vestida de gala, acompañada por la Comparsa de Gigantes, la banda de música "La Pamplonesa" y el resto de los miembros de la comitiva. |
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El encierro es el acto más popular de los Sanfermines y el motivo por el que muchos foráneos llegan a Pamplona el 6 de julio. Básicamente consiste en correr delante de los toros un tramo de calle convenientemente vallado. Tiene como fin trasladar a los astados desde los corrales de Santo Domingo hasta los de la Plaza de Toros donde, por la tarde, serán lidiados. En total corren seis toros bravos y dos manadas de mansos, la segunda de ellas por si quedase algún toro rezagado en el recorrido. El trayecto, que transcurre por diferentes calles del Casco Viejo de la ciudad, mide 825 metros. HISTORIA
LA CARRERA La peligrosa carrera se celebra todas las mañanas del 7 al 14 de julio. Unos minutos antes de que se inicie, los mozos que van a correr se encomiendan a San Fermín y le piden su protección. Lo hacen llevando un periódico doblado en la mano y ante la hornacina situada al comienzo del recorrido. En este lugar los corredores entonan tres veces un cántico, compuesto por el maestro Turrillas, y que dice así: "A San Fermín pedimos, por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro, dándonos su bendición". Este ritual, que se remonta a 1962, se ha convertido ya en toda una tradición para los corredores. A
las ocho en punto se dispara un primer cohete que anuncia la apertura
de la puerta de los corralillos de Santo Domingo, mientras que un segundo
disparo indica que todos los toros han salido. A partir de entonces, el
recorrido de las reses es el siguiente: suben la cuesta de Santo Domingo
y cruzan la Plaza del Ayuntamiento para después enfilar la calle
Mercaderes. Una curva cerrada da entrada a la calle Estafeta, la más
larga del recorrido, que lleva a una pequeña parte de la calle
Duque de Ahumada, también conocida como el tramo de Telefónica,
desde el que se accede al callejón de la Plaza de Toros. Una vez
que todos los astados entran en el coso taurino suena un tercer cohete
y un cuarto indica que los morlacos han entrado en toriles y que el encierro
ha terminado. La carrera tiene una duración media de tres minutos,
que se prolongan en la medida en que alguno de los astados se separa de
sus hermanos.
•
Gonzalo Bustinduy Gutiérrez Solana, mexicano, de 29 años,
residente en San Sebastián, herido mortalmente en la plaza de toros
en la mañana del 10 de julio de 1935 por un toro de Carmen de Federico.
Falleció el 13 de julio • Julián Zabalza Martínez, de 23 años, soldado, nacido en la localidad navarra de Aoiz y vecino de Villava, recibió el 10 de julio de 1947 tres cornadas en el ruedo de la Monumental que le causaron la muerte casi inmediata. Se las propinó el toro "Semillero", de Antonio Urquijo de Federico. Como se puede apreciar, por primera vez -al menos en el siglo XX- dos personas fallecieron en un mismo encierro, víctimas de un mismo toro, de ese ya célebre "Semillero", marcado con el número 21, de capa negra y de 464 kilos. • Vicente Urrizola Istúriz, navarro, de 32 años, veterano corredor, falleció el 10 de julio de 1961 como consecuencia de una cornada recibida en la plaza del Ayuntamiento por un toro de Álvaro Domecq durante el encierro del día anterior. • Hilario Pardo Simón, de 45 años, navarro de Murchante, falleció en el encierro del 12 de julio de 1969 como consecuencia de la cogida que sufrió por un "guardiola" en la cuesta de Santo Domingo. • Juan Ignacio Eraso Martiartu, de 18 años, vecino del pamplonés barrio de la Chantrea, murió en la tarde del 12 de julio de 1974, por la cornada que le propinó por la mañana un toro de Herederos de Martín Arranz en la zona de inicio del callejón. • Gregorio Górriz Sarasa, de 41 años, soltero, natural de Lete y vecino de Arazuri, atleta y veterano corredor, falleció el 9 de julio de 1975 por las astas de un toro de Francisco Javier Osborne. El toro, llamado "Navarrico", le asestó tres cornadas cuando el mozo intentaba escapar de un montón formado en la boca del ruedo. La muerte fue instantánea. • José Joaquín Esparza Sarasíbar, de 17 años, también atleta y vecino de la Chantrea, murió el 8 de julio de 1977 después de quedar atrapado en un montón que se originó en la entrada al ruedo. Inicialmente se pensó que había fallecido por asfixia pero luego se comprobó que había recibido un pisotón de los toros de Miura o de algún cabestro. El fuerte impacto le rompió y hundió tres costillas, que seccionaron la vena cava y algunos otros vasos, lo que provocó una hemorragia interna mortal. • José Antonio Sánchez Navascués, de 25 años, novillero, nacido en la localidad navarra de Cintruénigo, murió el 13 de julio de 1980 en la plaza del Ayuntamiento por las astas del "guardiola" "Antioquio". • Vicente Risco Sierra, de 29 años, soltero, nacido en Orellana la Vieja y vecino de Huarte, falleció el 13 de julio de 1980 en el ruedo de la plaza como consecuencia de la cornada que le propinó "Antioquio". Por segunda vez en el siglo XX, un mismo toro sesgaba la vida de dos corredores del encierro. • Matthew Peter Tassio, estadounidense de 22 años, sufrió una cornada mortal el 13 de julio de 1995 en la plaza del Ayuntamiento, asestada por el toro "Castellano", de la ganadería de Torrestrella. •
Fermín Etxeberría, vecino de Pamplona, de 63 años,
resultó herido en el encierro del 8 de julio de 2003, cuando corría
entre el Ayuntamiento y Mercaderes. Tras permanecer más de dos
meses en la UCI del Hospital de Navarra, falleció el 22 de septiembre
como consecuencia de las graves lesiones sufridas. Fue empujado y golpeado
en la cabeza por el asta de "Castillero", un toro de la ganadería
de Cebada Gago, y al caer al suelo sufrió un fuerte traumatismo
craneal. Corredor habitual del tramo de Mercaderes, nunca había
sufrido heridas de gravedad en las más de 350 carreras que había
realizado a lo largo de su vida.
EL APARTADO Del 7 al 14 de julio, a las 13:00 horas en la Plaza de Toros se procede a enlotar, sortear y separar los toros para la corrida de la tarde en el curso de un acto colorista y animado para el que es preciso pagar previamente una entrada. En Pamplona este acto tiene un carácter más social que taurino, por lo que, además de aficionados, por allí desfilan personajes conocidos que aprovechan para degustar un fino andaluz o saborear unas criadillas de toro o un pincho de chistorra.
La Feria
del Toro de Pamplona, nacida en 1959, es conocida por ser una feria donde
cobra más importancia el toro que el torero. Se compone de ocho
corridas de toros. Como aperitivo a la Feria se celebran una novillada
con picadores y una corrida de rejones. Dentro del mundo taurino, se trata
de una de las ferias más prestigiosas, junto con las de Madrid
y Sevilla. En ella torean los principales matadores del momento y se lidian
toros de las ganaderías con más solera. Cada año
se entrega el Premio Carriquiri al toro más bravo de la feria.
Asimismo, se entrega el Premio de la Feria del Toro al ganado que haya
dado en el ruedo el mejor juego en conjunto.
Para presenciarlo es necesario conseguir uno de los pases que el Ayuntamiento distribuye gratuitamente pocos días antes de comenzar las fiestas. |
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El chupinazo o cohete anunciador de las fiestas lo dispara una persona designada por el alcalde de la ciudad (habitualmente un miembro de la Corporación Municipal) el día 6 de julio a las 12 del mediodía desde un balcón del Ayuntamiento. Desde horas antes, pamploneses y foráneos vestidos de blanco y rojo abarrotan la Plaza Consistorial en espera de que estalle la fiesta para anudarse el "pañuelico" rojo al cuello. El disparo del cohete, y los gritos de ¡Viva San Fermín! y Gora San Fermín! convierten el Casco Viejo de la ciudad en una marea humana sumergida en una mezcla de cánticos, bailes y músicas que indican que la fiesta ha comenzado. En el momento de la explosión, la Plaza Consistorial y sus alrededores soportan un clamor similar al de un avión a reacción al despegar (133 decibelios). El cohete, fabricado por la Pirotecnia Caballer de Godella (Valencia), mide 1,20 metros de largo, 14 milímetros de grosor y pesa 20 gramos. El mejor sitio para contemplarlo es alguno de los balcones que circundan la Plaza del Ayuntamiento, ya que para introducirse en el interior de la misma hay que estar dispuesto a aguantar, durante más de una hora, toda clase de empujones, pisotones y estrecheces.
Durante muchos años, el alcalde tuvo la potestad de elegir a la persona que disparase el chupinazo. Por eso, la mayoría de los que disfrutaron de ese honor estuvieron vinculados al Ayuntamiento. A partir de 1979, se decidió ceder el privilegio de protagonizar el comienzo de las fiestas a un grupo político municipal siguiendo el criterio de mayor a menor representación. Sin embargo, en los últimos años ha ido cobrando fuerza la corriente que apuesta por otorgar dicho privilegio a una persona que haya tenido relevancia durante el año o que, con su trabajo, haya contribuido a la proyección de Pamplona en el mundo.
Este acto nació en 1914 a propuesta del carlista pamplonés Ignacio Baleztena con un carácter de protesta hacia la autroridad. Los mozos acompañaban a la Corporación Municipal en su marcha a pie desde el Ayuntamiento hasta la iglesia de San Lorenzo con motivo de la celebración de las solemnes vísperas cantadas en honor de San Fermín, que se celebran cada 6 de julio a las 8 de la tarde. Al ritmo del Vals de Astrain, los mozos trataban de impedir el avance de los ediles, que cada año se fue haciendo más lento, hasta el punto de motivar la suspensión de la marcha en 1972 y 1980. En 1991 los graves incidentes provocados por un grupo radical llevaron a la suspensión "oficial" del Riau-Riau. Gracias a la iniciativa de las Asociaciones de Jubilados de Pamplona, desde 2002 este acto vuelve a congregar a miles de pamploneses y, pese a no estar presente en el programa de Fiestas, cuenta con el beneplácito municipal. Este año, los promotores de esta iniciativa esperan repetir el éxito de las dos ediciones anteriores. La banda de música municipal "La Pamplonesa" y la Comparsa de Gigantes y Cabezudos acompañarán además a todos los participantes en este acto.
Tras los encierros y las corridas de toros, los gigantes y cabezudos son, posiblemente, el segundo elementomás característico de San Fermín. Niños y mayores reciben cada año con cariño a estos personajes de cartón-piedra tan especiales y tan entrañables, que animan las calles de la ciudad durante la tarde del 6 de julio y las mañanas del 7 al 14 de julio. La Comparsa de Gigantes y Cabezudos se fundó en el siglo XIX, en 1860. Sin embargo, existen testimonios de la existencia de esta institución en el siglo XI, aunque hasta el XVI los gigantes no precedieron a la imagen de San Fermín en la procesión. En 1760 el rey Carlos III prohibió su exhibición pública "por ser poco conforme con la gravedad y decoro" de los cortejos religiosos en los que participaban. Esta situación se prolongó hasta 1813, fecha en que los seis gigantes que tenía entonces la ciudad volvieron a ser reutilizados.
El último día de las Fiestas, la Comparsa cobra un especial protagonismo. Primero, con el baile de honor que realizan gigantes y kilikis en la Plaza Consistorial y, después, con el acto ya tradicional conocido como "la despedida", que tiene lugar en la Estación de Autobuses y en el que los más pequeños dan el adiós a la Comparsa entre besos y lágrimas.
Las peñas sanfermineras son una parte importante de las Fiestas en la calle. Cada una tiene su escudo, su himno, su local, su charanga y su pancarta. Organizan numerosos actos en sus respectivas sedes, pero el más llamativo es la salida que protagonizan al terminar cada día la corrida de toros, llenando con su música y alegría las calles de Pamplona. Las peñas sanfermineras son las siguientes (entre paréntesis, la fecha de fundación): • La Única (creada en 1903) • Muthiko Alaiak (1931) • El Bullicio (1932) • La Jarana (1940) • Oberena (1941) • Aldapa (1947) • Anaitasuna (1949) • Los del Bronce (1950) • Irrintzi (1951) • Alegría de Iruña (1953) • Armonía Txantreana (1956) • Donibane San Juan (1977) • El Txarko (1977) • Rotxapea (1978) • San Fermín (1979) • San Jorge (1980)
Está fuera de programa, pero es ya un acto asentado en las Fiestas. Se celebra a las 12 de la noche, un día sin determinar, y su recorrido se inicia en las inmediaciones del Ayuntamiento para finalizar en el "pocico" de San Cernin. Para participar es preciso acudir con un tambor u otro instrumento de percusión, ya que se trata de la fiesta del bombo que, con su ritmo ensordecedor, desafía a los tímpanos de quienes asisten al acto.
Durante los nueve días que dura la fiesta se suceden en la ciudad festivales de todo tipo: exhibiciones de deporte rural, bailes autóctonos, recitales de jota navarra y músicas regionales. Además, en diferentes puntos de la ciudad se celebran conciertos y verbenas de diferentes estilos y para todas las edades.
Despedida oficial de la fiesta. Los pamploneses, provistos de velas, se concentran el 14 de julio a las 24:00 horas en la Plaza Consistorial, para despedir las fiestas e iniciar la "cuenta atrás" de los próximos Sanfermines. La autoridad municipal y desde el balcón consistorial, es la encargada de poner fin a las Fiestas oficialmente y de convocar a todo el mundo a participar en los Sanfermines del año siguiente. Los congregados entonan el "pobre de mí, pobre de mí, ya se han acabado las Fiestas de San Fermín", para a continuación y al grito de "ya falta menos", preparar su ánimo para iniciar la cuenta atrás. |
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