El toro se erige en protagonista, sobre todo en los célebres encierros, que discurren por el Casco Viejo de la ciudad, centro del jolgorio, junto con las peñas, la comparsa, la música... Pero también los pamploneses reservan su tiempo para rendir culto a San Fermín. Tres son las ceremonias religiosas en las que los ciudadanos muestran su devoción al copatrono de Navarra: Vísperas, Procesión y Octava.
 



  Según cuenta la tradición, el obispo Saturnino, envió a Pamplona, en el siglo III, a uno de sus discípulos, Honesto, que logró la conversión al cristianismo del senador romano Firmus y de toda su familia, uno de cuyos miembros era Fermín. El futuro santo, educado por Honesto, comenzó a predicar por la zona a los 17 años. Siete después, fue ordenado obispo y se le encomendó como misión el apostolado. En ese momento inició un largo periplo por Francia, donde su habilidad como predicador y sus milagros le dieron fama. Devolvió la vista a un ciego, sanó a leprosos, paralíticos, endemoniados y enfermos de todo tipo. Convirtió a miles de personas hasta llegar a Amiens, en el norte de Francia.

Allí, el gobernador Sebastián, para poder recuperar el culto a Júpiter y Mercurio, ordenó que Fermín fuera ajusticiado. Tras ser encarcelado, fue decapitado con un sable. Por ello, y en recuerdo a su martirio, los pamploneses lucen el pañuelico rojo anudado al cuello durante las fiestas. Sus restos, encontrados milagrosamente en el año 615, descansan desde entonces en la catedral de Amiens, la cual ha donado a lo largo de los siglos pequeñas reliquias a la Iglesia navarra que han hecho que se incremente el culto a San Fermín.

Los documentos históricos que atestiguan el culto a San Fermín en Navarra datan del siglo XII. En ellos se relata que fue el obispo Pedro de Artajona quien elevó la categoría litúrgica de las misas en honor al Santo (éste fue posiblemente el origen de la procesión) y consiguió para Pamplona la primera reliquia (un hueso de la cabeza del mártir). Después se trajeron más reliquias: otro hueso del cráneo que se instaló en el pecho del San Fermín de San Lorenzo en 1572 y la mitad superior del fémur derecho que, en 1941, se guardó en una arqueta gótica de la Catedral.

El calendario litúrgico fijó la fecha de la fiesta religiosa en el mes de octubre como recuerdo de la entrada de San Fermín en Amiens. La celebración se parecía muy poco a la actual y se limitaba a la función de Vísperas en la iglesia de San Lorenzo, la Procesión, la Octava y la denominada "Comida de los pobres" en la actual plaza de la Virgen de la O, en la que se repartía berza, carne de vaca asada con sarmientos, pan y vino, todo a cuenta del Ayuntamiento. En 1591 los pamploneses, cansados de las inclemencias
climatológicas del mes de octubre, decidieron trasladar la fiesta de San Fermín al 7 de julio.

Pero la fiesta religiosa original de San Fermín se fue completando con otros actos populares. Las crónicas de los siglos XVII y XVIII hablan de actos religiosos junto a músicos, danzantes, gigantes, torneos, saltimbanquis, encierros y toros; de la preocupación del clero por los abusos en el beber y el libertinaje de mozos y mozas; y de la presencia de gentes de otras tierras que con sus espectáculos hacían "más divertida la ciudad".

San Fermín es copatrono de Navarra junto a San Francisco Javier desde 1657, y titular de la diócesis de Pamplona de la que, según la tradición, fue el primer obispo. Por este motivo, la capital celebra su festividad de forma especial, y no porque sea el patrón de la ciudad -creencia muy extendida-, un privilegio que recae en exclusiva en San Saturnino.
San Fermín
Foto: María Dolores Gil














LAS VÍSPERAS

Las Vísperas Solemnes cantadas en honor al Santo datan del siglo XV y se celebran el día 6 a las 20:00 horas en la capilla de San Fermín, situada en la iglesia de San Lorenzo, constituyendo el primer acto religioso de las fiestas. A esta función acude la Corporación municipal vestida con traje de gala: frac, guantes y chistera, los hombres, y traje inspirado en los atuendos tradicionales de los valles de Roncal, Salazar y Aézcoa, las mujeres. Les acompañan cientos de pamploneses para presenciar la misa solemne en la que interviene la Capilla de Música de la Catedral de Santa María, junto con los músicos de la Orquesta Santa Cecilia y tiples de la Escolanía de Loyola.


 
LA PROCESIÓN


El 7 de julio a las 9:50 horas la Corporación, vestida de gala, sale del Ayuntamiento hacia la Catedral para recoger al Cabildo. Minutos después gigantes, "txistularis", gaiteros, clarineros, timbaleros, maceros, libreas, escoltas, representantes de las peñas, de los gremios históricos y de la Hermandad de la Pasión del Señor se les unen y marchan hacia la iglesia de San Lorenzo para acompañar al Santo en procesión.

  A las 10:30 horas comienza el recorrido por las calles del Casco Antiguo de la ciudad en el que miles de pamploneses rinden homenaje a San Fermín. Desde el Rincón de la Aduana se enfila la calle San Antón, donde en el número 47 se canta la primera jota en honor al Santo. En la Plaza del Consejo, la Coral de Santiago de la Chantrea canta la jota "Al Glorioso San Fermín". Más adelante, paran en el "pocico" de San Cernin para que dos niños coloquen rosas en la peana del Santo y los "txistularis" interpretan el "Agur Jaunak". Una vez en la calle Mayor, los Amigos del Arte y la sociedad gastronómica Napardi entonan sendas jotas a pie de calle. De allí se trasladan a la iglesia de San Lorenzo para celebrar la misa solemne.
La Procesión
Foto: Begoña Pro

Concluido el oficio religioso, se acompaña al Cabildo hasta la Catedral, donde se vive uno de los actos más emotivos conocido como el "momentico": los Gigantes bailan en el atrio de la catedral al son del "txistu" y la gaita mientras suena el tañido de las campanas, los clarines y la música de la banda municipal. Destaca especialmente el sonido de la campana "María" y sus 12.000 kilos, la segunda más grande de España elaborada en 1584. La Corporación regresa al Consistorio con la música del "Asombro de Damasco". Finalmente, los "dantzaris" del grupo Duguna bailan en la Plaza Consistorial.



LA OCTAVA

El 14 de julio, a las 10:45 horas, la Corporación vuelve a salir en procesión para asistir a la Octava de la festividad del Santo, que se celebra en la iglesia de San Lorenzo. La Corporación Municipal acude una vez más vestida de gala, acompañada por la Comparsa de Gigantes, la banda de música "La Pamplonesa" y el resto de los miembros de la comitiva.
 


Cualquier persona que llegue a Pamplona por San Fermín puede dedicar uno de los días al toro, siguiendo una ruta que le ocupará las 24 horas del día y que incluye los siguientes actos: encierro, suelta de vaquillas, apartado, mulillas, corrida de toros y encierrillo, fiesta campera, concurso de recortadores y corrida vasco-landesa.  


EL ENCIERRO

El encierro es el acto más popular de los Sanfermines y el motivo por el que muchos foráneos llegan a Pamplona el 6 de julio. Básicamente consiste en correr delante de los toros un tramo de calle convenientemente vallado. Tiene como fin trasladar a los astados desde los corrales de Santo Domingo hasta los de la Plaza de Toros donde, por la tarde, serán lidiados. En total corren seis toros bravos y dos manadas de mansos, la segunda de ellas por si quedase algún toro rezagado en el recorrido. El trayecto, que transcurre por diferentes calles del Casco Viejo de la ciudad, mide 825 metros.


HISTORIA

 

La "entrada", como se denominó al principio, se remonta a los siglos XIV-XV y vino exigida por la celebración de las corridas de toros. Resultaba imprescindible trasladar las reses desde las afueras de la ciudad hasta el coso taurino, situado en la amurallada capital navarra.

A finales del siglo XVII, los toros entraban en la ciudad precedidos por un mayoral a caballo y arropados por bueyes y por vaqueros. El caballista, según los relatos de la época, abría una comitiva en la que ocasionalmente podían participar también otros jinetes que dispusieran de permiso municipal. A este colectivo principal se les fueron uniendo gentes del pueblo, principalmente carniceros, que conformaron los primeros grupos de corredores. El itinerario no alcanzaba entonces las dimensiones del actual. Desde el corral de Santo Domingo, la manada ascendía hacia la Plaza de la Fruta (hoy Consistorial) y la calle Chapitela para entrar en el albero de la Plaza del Castillo.

La sustitución del coso de la Plaza del Castillo por otro de nueva construcción en 1852, en las proximidades de lo que hoy es el Teatro Gayarre, obligó a modificar el trazado del encierro. En 1856 la carrera estrenó el recorrido actual.

Lo curioso es que los mozos cometían una infracción al saltar al recorrido para correr delante de los morlacos. Esta costumbre estaba mal vista por las autoridades, que intentaron suprimirla. Entre los siglos XVII y XIX, el Ayuntamiento publicó varios bandos a este respecto, y de dicha época data la cantinela que aún hoy se entona: "Ha dicho el alcalde que no salga nadie, que no anden con bromas que es muy mal ganado".
Encierro (1967)
Foto: Masito López





El tiempo, sin embargo, que corría a favor de quienes defendían la costumbre de correr, se encargó de quitarle la razón a la autoridad. Los adeptos de la causa se multiplicaron y lograron una primera victoria el 1 de julio de 1867 con la publicación del primer bando que reglamentaba las precauciones y prohibiciones que los protagonistas habrían de observar. Suponía de hecho el reconocimiento expreso de la dignidad de conducir los toros por las calles de la ciudad. La resolución definitiva por la que se posibilitaba la celebración de los encierros se retrasó nueve años más.

El encierro, con todos los parabienes legales, se aprobó definitivamente en la Comisión de Festejos del 28 de junio de 1876. Ni siquiera la oposición de un grupo de concejales encabezada por el alcalde Colmenares pudo con la mayoría que apostaba, en sintonía con la calle, por otorgar al espectáculo carta municipal de naturaleza. Eso sí, no se permitía saltar al recorrido a mujeres, ancianos ni niños.

De este modo, el encierro fue consiguiendo popularidad a lo largo del siglo XX, hasta convertirse en el acto más representativo de las fiestas de San Fermín.

En 1924, la célebre carrera se cobró la primera víctima mortal de su historia, la primera de las catorce registradas hasta el momento. Muchos años después, en 1991, fue corneada la primera mujer, procedente de Noruega.





LA CARRERA

La peligrosa carrera se celebra todas las mañanas del 7 al 14 de julio. Unos minutos antes de que se inicie, los mozos que van a correr se encomiendan a San Fermín y le piden su protección. Lo hacen llevando un periódico doblado en la mano y ante la hornacina situada al comienzo del recorrido. En este lugar los corredores entonan tres veces un cántico, compuesto por el maestro Turrillas, y que dice así: "A San Fermín pedimos, por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro, dándonos su bendición". Este ritual, que se remonta a 1962, se ha convertido ya en toda una tradición para los corredores.

A las ocho en punto se dispara un primer cohete que anuncia la apertura de la puerta de los corralillos de Santo Domingo, mientras que un segundo disparo indica que todos los toros han salido. A partir de entonces, el recorrido de las reses es el siguiente: suben la cuesta de Santo Domingo y cruzan la Plaza del Ayuntamiento para después enfilar la calle Mercaderes. Una curva cerrada da entrada a la calle Estafeta, la más larga del recorrido, que lleva a una pequeña parte de la calle Duque de Ahumada, también conocida como el tramo de Telefónica, desde el que se accede al callejón de la Plaza de Toros. Una vez que todos los astados entran en el coso taurino suena un tercer cohete y un cuarto indica que los morlacos han entrado en toriles y que el encierro ha terminado. La carrera tiene una duración media de tres minutos, que se prolongan en la medida en que alguno de los astados se separa de sus hermanos.

  En las últimas décadas del siglo XX, una figura del encierro cobró interés: la del "divino". Así se conoce al corredor que durante los Sanfermines vive tan sólo para participar en la célebre carrera en las mejores condiciones. Para ello, media hora antes de que salgan los toros se dedica a realizar "profesionalizados" ejercicios de calentamiento en plazas como la de los Burgos. Se cuida durante el día y duerme a lo largo de la noche. En general, no goza de buena fama entre los pamploneses porque -dicen- acostumbra a dar codazos a sus compañeros para "coger toro" y a buscar la celebridad en tramos en los que es más fácil que su imagen se difunda por los confines del planeta a través de las cámaras de televisión.

Uno de los mayores peligros del encierro, si no el más importante, es la masificación de corredores, que aumenta el riesgo de la carrera, en la que los mozos no deberían correr más de 50 metros delante de las astas. A pesar de que todos los tramos del recorrido están vigilados por un amplio dispositivo de seguridad y atención médica, la peligrosidad de la carrera ha hecho que desde 1900 se haya registrado un total de 14 muertos y más de 200 heridos graves por asta de toro.
Monumento al Encierro
Foto: Sergio Albillo




Las primeras emisiones del Centro Territorial de TVE en Navarra fueron las fiestas de San Fermín del año 1981, iniciadas con el "chupinazo" y los encierros en diferido a las 10.30h. A partir de 1982, la carrera se emite en directo con una infraestructura técnica que cuenta con doce cámaras que cubren el recorrido desde los corrales de Santo Domingo hasta los toriles de la plaza.



RELACIÓN DE FALLECIDOS

Esteban Domeño Laborra, de 22 años, natural de Sangüesa, resultó mortalmente herido por un toro del conde de Santa Coloma en el encierro del 13 de julio de 1924, en el tramo del callejón que da acceso a la plaza. Sufrió una cornada de más de veinte centímetros, por la que falleció al día siguiente.

Santiago Martínez Zufía, de 34 años, casado, peón de albañil y vecino del barrio pamplonés de la Estación, falleció el 8 de julio de 1927, a consecuencia de la cornada sufrida en la plaza de toros durante el encierro de ese día. El astado era de la ganadería de Celso Cruz del Castillo.

Gonzalo Bustinduy Gutiérrez Solana, mexicano, de 29 años, residente en San Sebastián, herido mortalmente en la plaza de toros en la mañana del 10 de julio de 1935 por un toro de Carmen de Federico. Falleció el 13 de julio

Casimiro Heredia Ruiz, pamplonés, de 37 años, casado y con dos hijas, murió prácticamente en el acto tras ser corneado el 10 de julio de 1947 en la calle Estafeta por el toro "Semillero", un murubeño de Antonio Urquijo de Federico.

Julián Zabalza Martínez, de 23 años, soldado, nacido en la localidad navarra de Aoiz y vecino de Villava, recibió el 10 de julio de 1947 tres cornadas en el ruedo de la Monumental que le causaron la muerte casi inmediata. Se las propinó el toro "Semillero", de Antonio Urquijo de Federico. Como se puede apreciar, por primera vez -al menos en el siglo XX- dos personas fallecieron en un mismo encierro, víctimas de un mismo toro, de ese ya célebre "Semillero", marcado con el número 21, de capa negra y de 464 kilos.

Vicente Urrizola Istúriz, navarro, de 32 años, veterano corredor, falleció el 10 de julio de 1961 como consecuencia de una cornada recibida en la plaza del Ayuntamiento por un toro de Álvaro Domecq durante el encierro del día anterior.

Hilario Pardo Simón, de 45 años, navarro de Murchante, falleció en el encierro del 12 de julio de 1969 como consecuencia de la cogida que sufrió por un "guardiola" en la cuesta de Santo Domingo.

Juan Ignacio Eraso Martiartu, de 18 años, vecino del pamplonés barrio de la Chantrea, murió en la tarde del 12 de julio de 1974, por la cornada que le propinó por la mañana un toro de Herederos de Martín Arranz en la zona de inicio del callejón.

Gregorio Górriz Sarasa, de 41 años, soltero, natural de Lete y vecino de Arazuri, atleta y veterano corredor, falleció el 9 de julio de 1975 por las astas de un toro de Francisco Javier Osborne. El toro, llamado "Navarrico", le asestó tres cornadas cuando el mozo intentaba escapar de un montón formado en la boca del ruedo. La muerte fue instantánea.

José Joaquín Esparza Sarasíbar, de 17 años, también atleta y vecino de la Chantrea, murió el 8 de julio de 1977 después de quedar atrapado en un montón que se originó en la entrada al ruedo. Inicialmente se pensó que había fallecido por asfixia pero luego se comprobó que había recibido un pisotón de los toros de Miura o de algún cabestro. El fuerte impacto le rompió y hundió tres costillas, que seccionaron la vena cava y algunos otros vasos, lo que provocó una hemorragia interna mortal.

José Antonio Sánchez Navascués, de 25 años, novillero, nacido en la localidad navarra de Cintruénigo, murió el 13 de julio de 1980 en la plaza del Ayuntamiento por las astas del "guardiola" "Antioquio".

Vicente Risco Sierra, de 29 años, soltero, nacido en Orellana la Vieja y vecino de Huarte, falleció el 13 de julio de 1980 en el ruedo de la plaza como consecuencia de la cornada que le propinó "Antioquio". Por segunda vez en el siglo XX, un mismo toro sesgaba la vida de dos corredores del encierro.

Matthew Peter Tassio, estadounidense de 22 años, sufrió una cornada mortal el 13 de julio de 1995 en la plaza del Ayuntamiento, asestada por el toro "Castellano", de la ganadería de Torrestrella.

Fermín Etxeberría, vecino de Pamplona, de 63 años, resultó herido en el encierro del 8 de julio de 2003, cuando corría entre el Ayuntamiento y Mercaderes. Tras permanecer más de dos meses en la UCI del Hospital de Navarra, falleció el 22 de septiembre como consecuencia de las graves lesiones sufridas. Fue empujado y golpeado en la cabeza por el asta de "Castillero", un toro de la ganadería de Cebada Gago, y al caer al suelo sufrió un fuerte traumatismo craneal. Corredor habitual del tramo de Mercaderes, nunca había sufrido heridas de gravedad en las más de 350 carreras que había realizado a lo largo de su vida.


SUELTA DE VAQUILLAS

Una vez finalizado el encierro, la plaza de toros cobra protagonismo con la suelta de vaquillas emboladas, en la que muchos mozos intentan demostrar su valor realizando recortes ante las astas.

Nunca se han registrado víctimas mortales, aunque sí un sinfín de contusionados, entre ellos, el escritor norteamericano Ernest Hemingway. El 8 de julio de 1924 intentó sujetar por los cuernos a un novillo embolado y éste le dio un gran revolcón. Fue su particular "bautismo de sangre", que le costó, según el escritor José María Iribarren, dos o tres duros de multa. El americano supo vender bien la mercancía ya que en agosto aparecieron los siguientes titulares en el "Toronto Star": "Escritor de Toronto corneado por un toro bravo en España" y "Un toro cornea a un periodista de Toronto en las fiestas de Pamplona". Pero la "historia" fue más lejos. "Años más adelante -cuenta Iribarren-, esta cogida de Pamplona será tergiversada por sus devotos, los cuales llegarán a decir que Hemingway, el admirador máximo de nuestra fiesta nacional, intentó ser torero en la capital navarra y logró torear en una corrida siendo cogido por el toro".



LA FERIA DEL TORO

EL APARTADO

Del 7 al 14 de julio, a las 13:00 horas en la Plaza de Toros se procede a enlotar, sortear y separar los toros para la corrida de la tarde en el curso de un acto colorista y animado para el que es preciso pagar previamente una entrada. En Pamplona este acto tiene un carácter más social que taurino, por lo que, además de aficionados, por allí desfilan personajes conocidos que aprovechan para degustar un fino andaluz o saborear unas criadillas de toro o un pincho de chistorra.


DESFILE DE MULILLAS

Del 7 al 14 de julio, a las 17:30 horas, un vistoso cortejo recorre a pie el trayecto comprendido entre el Ayuntamiento y la Plaza de Toros antes de que empiece la corrida. Dos alguaciles vestidos de negro, con capa y montados a caballo encabezan el séquito. Tras ellos desfilan dos grupos de tres mulillas adornadas con cascabeles y banderolas, acompañadas de 14 mulilleros. La banda municipal "La Pamplonesa" cierra el llamativo desfile.


LAS CORRIDAS DE TOROS

Del 7 al 14 de julio, a las 18:30 horas en la Plaza de Toros. En Pamplona es un acontecimiento singular ya que los mozos de las peñas y sus charangas, que se sientan en el tendido de sol, animan la corrida con cantos y música y organizan una fiesta paralela.

 

La Feria del Toro de Pamplona, nacida en 1959, es conocida por ser una feria donde cobra más importancia el toro que el torero. Se compone de ocho corridas de toros. Como aperitivo a la Feria se celebran una novillada con picadores y una corrida de rejones. Dentro del mundo taurino, se trata de una de las ferias más prestigiosas, junto con las de Madrid y Sevilla. En ella torean los principales matadores del momento y se lidian toros de las ganaderías con más solera. Cada año se entrega el Premio Carriquiri al toro más bravo de la feria. Asimismo, se entrega el Premio de la Feria del Toro al ganado que haya dado en el ruedo el mejor juego en conjunto.

Las corridas de toros sanfermineras generan, antes y después de su celebración, numerosas tertulias organizadas por entidades hoteleras y medios de comunicación, tertulias en las que los aficionados desgranan todos los pormenores de los festejos taurinos.

Antiguamente, se celebraban las corridas de toros en la mismísima Plaza del Castillo, con "cuatro tablas" como defensa y con los balcones de las viviendas como gradas del público. Pero conforme la asistencia de público fue creciendo, se tomaron cada vez más medidas de seguridad y se estudió la posibilidad de más espacio para los espectadores, con lo que resultó evidente la necesidad de un lugar más apropiado.

La primera plaza de toros de Pamplona se edificó en 1843, en terrenos cercanos a la Plaza del Castillo, lo que actualmente sería el comienzo de la Avenida Carlos III, siempre dentro de la Pamplona amurallada de entonces. Tenía un aforo aproximado de 900 personas. En 1852 fue necesario reedificarla por su enorme deterioro. Y en 1921, el 10 de agosto, festividad de San Lorenzo, sufrió un incendio intencionado, por lo que se abandonó ese solar y se levantó muy cercana pero extramuros (aunque en ese tramo las murallas ya se habían derribado) una nueva plaza de toros, la actual. Ésta, la Monumental de Pamplona, tuvo que ser construida con celeridad y se inauguró, como cabía esperar, el 7 de julio del año 1922.

La construyó la Casa de Misericordia de Pamplona, actual regente, en terrenos cedidos por el Ayuntamiento y su aforo inicial se situó en torno a 14.000 localidades. En 1967 fue objeto de una importante obra de ampliación, que incrementó considerablemente el número de asientos y que perjudicó su estética exterior. Actualmente, por capacidad, es la segunda más grande de España, con 19.500 localidades, y la cuarta del mundo, después de las de México, Madrid y Nîmes.

Tanto en la Monumental de Pamplona como en la anterior, denominada popularmente "plaza vieja", han hecho el paseíllo las principales figuras de la torería de cada momento, desde "Machaquito" hasta Enrique Ponce, pasando por "Manolete" y Antonio Ordóñez, entre otros. En ella se han lidiado, y se siguen lidiando, toros de las más prestigiosas ganaderías, como Miura, Domecq, Pablo Romero (hoy Partido de Resina) o Guardiola.


EL ENCIERRILLO

Para poner el punto y final a esta ruta del toro, cada noche, poco antes de las 23:00 horas, tiene lugar el encierrillo. En este acto se traslada a los toros que se lidiarán al día siguiente desde los corralillos del Gas hasta los de Santo Domingo. El recorrido se hace en absoluto silencio, con muy poca luz y está prohibido hacer fotos. La longitud del recorrido hasta los corrales de Santo Domingo es de aproximadamente de unos 400 metros.

Para presenciarlo es necesario conseguir uno de los pases que el Ayuntamiento distribuye gratuitamente pocos días antes de comenzar las fiestas.


 


EL CHUPINAZO

El chupinazo o cohete anunciador de las fiestas lo dispara una persona designada por el alcalde de la ciudad (habitualmente un miembro de la Corporación Municipal) el día 6 de julio a las 12 del mediodía desde un balcón del Ayuntamiento. Desde horas antes, pamploneses y foráneos vestidos de blanco y rojo abarrotan la Plaza Consistorial en espera de que estalle la fiesta para anudarse el "pañuelico" rojo al cuello.

El disparo del cohete, y los gritos de ¡Viva San Fermín! y Gora San Fermín! convierten el Casco Viejo de la ciudad en una marea humana sumergida en una mezcla de cánticos, bailes y músicas que indican que la fiesta ha comenzado. En el momento de la explosión, la Plaza Consistorial y sus alrededores soportan un clamor similar al de un avión a reacción al despegar (133 decibelios). El cohete, fabricado por la Pirotecnia Caballer de Godella (Valencia), mide 1,20 metros de largo, 14 milímetros de grosor y pesa 20 gramos. El mejor sitio para contemplarlo es alguno de los balcones que circundan la Plaza del Ayuntamiento, ya que para introducirse en el interior de la misma hay que estar dispuesto a aguantar, durante más de una hora, toda clase de empujones, pisotones y estrecheces.

  Hasta comienzos del siglo XX, los vecinos y las autoridades del municipio se limitaban, cada 6 de julio, a acudir en buen número a la iglesia de San Lorenzo para presenciar la celebración de las Vísperas dedicadas al Santo. A partir de 1901 se comenzó a voltear las campanas de Pamplona y a lanzar cohetes en la Plaza del Castillo y en otros puntos de la ciudad. Los programas antiguos de fiestas lo recogían claramente: "A las 12 horas se anunciará el comienzo de los festejos con un repique general de campanas y se dispararán chupinazos en distintos puntos de la ciudad".

Avanzando los años, la labor pirotécnica recayó en los empleados municipales quienes, el día 6 al mediodía, lanzaban cohetes desde una casa de la Plaza del Castillo llamada "del toril". Aquel espectáculo atraía a un número creciente de espectadores hasta el punto de que algunos pamploneses colaboraban en disparar los chupinazos. El acto ganó adeptos y sólo la Guerra Civil (1936-1939) impidió que se celebrara.

Entre aquellos ciudadanos espontáneos que solicitaban disparar el primer cohete se encontraba Joaquín Ilundáin, quien lo hizo en 1939. Un año después, el propio Ilundáin y el periodista José María Pérez Salazar, propusieron al alcalde, José Garrán Mosso, que el Chupinazo se lanzara oficialmente desde el balcón de la Casa Consistorial. La Corporación aprobó de manera oficial el cambio de lugar.
Chupinazo en la Plaza Consistorial
Foto: María Dolores Gil





Desde aquel año, 1941, el chupinazo no se ha suspendido, ni en 1952 debido a las obras de remodelación del actual Ayuntamiento, año en que se disparó desde el balcón de la sede provisional de la Casa Consistorial, que se encontraba en la actual plaza del Vínculo.

Durante muchos años, el alcalde tuvo la potestad de elegir a la persona que disparase el chupinazo. Por eso, la mayoría de los que disfrutaron de ese honor estuvieron vinculados al Ayuntamiento. A partir de 1979, se decidió ceder el privilegio de protagonizar el comienzo de las fiestas a un grupo político municipal siguiendo el criterio de mayor a menor representación. Sin embargo, en los últimos años ha ido cobrando fuerza la corriente que apuesta por otorgar dicho privilegio a una persona que haya tenido relevancia durante el año o que, con su trabajo, haya contribuido a la proyección de Pamplona en el mundo.



EL RIAU-RIAU

Este acto nació en 1914 a propuesta del carlista pamplonés Ignacio Baleztena con un carácter de protesta hacia la autroridad. Los mozos acompañaban a la Corporación Municipal en su marcha a pie desde el Ayuntamiento hasta la iglesia de San Lorenzo con motivo de la celebración de las solemnes vísperas cantadas en honor de San Fermín, que se celebran cada 6 de julio a las 8 de la tarde. Al ritmo del Vals de Astrain, los mozos trataban de impedir el avance de los ediles, que cada año se fue haciendo más lento, hasta el punto de motivar la suspensión de la marcha en 1972 y 1980. En 1991 los graves incidentes provocados por un grupo radical llevaron a la suspensión "oficial" del Riau-Riau. Gracias a la iniciativa de las Asociaciones de Jubilados de Pamplona, desde 2002 este acto vuelve a congregar a miles de pamploneses y, pese a no estar presente en el programa de Fiestas, cuenta con el beneplácito municipal. Este año, los promotores de esta iniciativa esperan repetir el éxito de las dos ediciones anteriores. La banda de música municipal "La Pamplonesa" y la Comparsa de Gigantes y Cabezudos acompañarán además a todos los participantes en este acto.



LA COMPARSA DE GIGANTES Y CABEZUDOS

Tras los encierros y las corridas de toros, los gigantes y cabezudos son, posiblemente, el segundo elementomás característico de San Fermín. Niños y mayores reciben cada año con cariño a estos personajes de cartón-piedra tan especiales y tan entrañables, que animan las calles de la ciudad durante la tarde del 6 de julio y las mañanas del 7 al 14 de julio.

La Comparsa de Gigantes y Cabezudos se fundó en el siglo XIX, en 1860. Sin embargo, existen testimonios de la existencia de esta institución en el siglo XI, aunque hasta el XVI los gigantes no precedieron a la imagen de San Fermín en la procesión. En 1760 el rey Carlos III prohibió su exhibición pública "por ser poco conforme con la gravedad y decoro" de los cortejos religiosos en los que participaban. Esta situación se prolongó hasta 1813, fecha en que los seis gigantes que tenía entonces la ciudad volvieron a ser reutilizados.

 
En la actualidad, la Comparsa está formada por casi un centenar de personas, entre portadores de las figuras y gaiteros. En el caso de los gigantes, construidos por el artesano Tadeo Amorena, son tres las personas responsables de cada una de las reales figuras; de este modo, 24 mozos se ocupan de bailar cada mañana los ocho gigantes, que representan por parejas a los reyes de Europa, América, África y Asia. Pesan entre 62 y 64 kilos y miden entre 3,85 y 3,90 metros, y sobre los hombros de los mozos que los bailan alcanzan los 4,20 metros. Cada gigante baila al son de una banda de gaiteros y el último, que siempre es la reina americana, al de una de "txistularis".

El resto de las figuras de la Comparsa son cinco cabezudos, seis "kilikis" y seis "zaldikos". Una pareja de mozos se ocupa de cada una de estas figuras. Los cabezudos son "pacíficos", caminan dignamente delante de los gigantes y responden a los siguientes nombres: Alcalde, Concejal, Abuela, Japonés y Japonesa. Sus cabezas alcanzan los 2 metros de perímetro y el Alcalde posee la peculiaridad de poder
 
Comparsa de Gigantes
Foto: María Dolores Gil



mover los ojos. El peso de cada uno de ellos ronda los 20 kilos. "Kilikis" y "zaldikos" son los más temidos por niños y mayores, pues su función consiste en pegar a la gente con vergas de espuma. Los "kilikis" pesan entre 10 y 13 kilos, y son conocidos como: Caravinagre, Verrugas, Napoleón, Patata, Coletas y Barbas. Los ágiles "zaldikos" superan los 30 kilos de peso.

El último día de las Fiestas, la Comparsa cobra un especial protagonismo. Primero, con el baile de honor que realizan gigantes y kilikis en la Plaza Consistorial y, después, con el acto ya tradicional conocido como "la despedida", que tiene lugar en la Estación de Autobuses y en el que los más pequeños dan el adiós a la Comparsa entre besos y lágrimas.




LAS PEÑAS

Las peñas sanfermineras son una parte importante de las Fiestas en la calle. Cada una tiene su escudo, su himno, su local, su charanga y su pancarta. Organizan numerosos actos en sus respectivas sedes, pero el más llamativo es la salida que protagonizan al terminar cada día la corrida de toros, llenando con su música y alegría las calles de Pamplona. Las peñas sanfermineras son las siguientes (entre paréntesis, la fecha de fundación):
La Única (creada en 1903)
Muthiko Alaiak (1931)
El Bullicio (1932)
La Jarana (1940)
Oberena (1941)
Aldapa (1947)
Anaitasuna (1949)
Los del Bronce (1950)
Irrintzi (1951)
Alegría de Iruña (1953)
Armonía Txantreana (1956)
Donibane San Juan (1977)
El Txarko (1977)
Rotxapea (1978)
San Fermín (1979)
San Jorge (1980)



EL "STRUENDO" DE IRUÑA

Está fuera de programa, pero es ya un acto asentado en las Fiestas. Se celebra a las 12 de la noche, un día sin determinar, y su recorrido se inicia en las inmediaciones del Ayuntamiento para finalizar en el "pocico" de San Cernin. Para participar es preciso acudir con un tambor u otro instrumento de percusión, ya que se trata de la fiesta del bombo que, con su ritmo ensordecedor, desafía a los tímpanos de quienes asisten al acto.



FESTIVALES Y MÚSICA

Durante los nueve días que dura la fiesta se suceden en la ciudad festivales de todo tipo: exhibiciones de deporte rural, bailes autóctonos, recitales de jota navarra y músicas regionales. Además, en diferentes puntos de la ciudad se celebran conciertos y verbenas de diferentes estilos y para todas las edades.



FUEGOS ARTIFICIALES

  Todos los días, y desde los fosos de la Ciudadela, a las 23:00 horas, se dispara una colección de fuegos artificiales que pueden divisarse desde diversos puntos de la ciudad, aunque la mayor parte del público se concentra en la Vuelta del Castillo. Es uno de los actos más concurridos de las fiestas y desde el año 2000 tiene carácter de concurso internacional.
Fuegos Artificiales
Foto: María Dolores Gil



POBRE DE MÍ
 
Despedida oficial de la fiesta. Los pamploneses, provistos de velas, se concentran el 14 de julio a las 24:00 horas en la Plaza Consistorial, para despedir las fiestas e iniciar la "cuenta atrás" de los próximos Sanfermines. La autoridad municipal y desde el balcón consistorial, es la encargada de poner fin a las Fiestas oficialmente y de convocar a todo el mundo a participar en los Sanfermines del año siguiente. Los congregados entonan el "pobre de mí, pobre de mí, ya se han acabado las Fiestas de San Fermín", para a continuación y al grito de "ya falta menos", preparar su ánimo para iniciar la cuenta atrás.