![]() |
![]() |
![]() |
| |
La personalidad histórica de este pueblo, tal y como hoy en día podríamos entenderla, empezó a configurarse a partir del siglo IX. Sin embargo, los primeros restos encontrados en forma de utensilios de piedra datan de finales del Paleolítico Inferior (200.000-150.000 a.de C.). Los habitantes originarios de la zona fueron los vascones, convencionalmente definidos por los historiadores como independientes y guerreros. Con el paso de los siglos, estos primeros pobladores recibieron la influencia de numerosas culturas, particularmente de la romana. El proceso de romanización fue intenso entre los siglos I y IV d.C., especialmente en las tierras de la actual Navarra Media y Ribera. Así lo atestiguan los yacimientos arqueológicos excavados, que han sacado a la luz restos de villas agrícolas, ciudades, calzadas y puentes, complejos hidráulicos, etc. La organización tribal de los vascones hizo posible la expansión y consolidación de un territorio que se oponía tanto a los envites de sus vecinos naturales como al expansionismo árabe en la Península Ibérica. El proceso de cristianización del pueblo vascón había comenzado hacia el siglo VI. En el VII, Pamplona era ya una fortificación eminentemente cristiana que, para su constitución y organización, contó con la ayuda de caudillos muladíes de las zonas regadas por el río Ebro, quienes apoyaron a los jefes vascones propiciando su independencia frente a los enemigos francos. En el año 778, y en este contexto, Carlomagno destruyó las murallas de Pamplona y, de regreso a su imperio, fue derrotado por los vascones en Roncesvalles. En esta batalla murió el paladín Roldán, dando pie este hecho al conocidísimo lamento enmarcado en el cantar de gesta la Chanson de Roland.
La peculiar idiosincrasia de las gentes de Navarra se manifestó con la constitución de la monarquía pamplonesa en torno al año 810. Los hombres de la zona eligieron a un caudillo, Íñigo Arista, quien, a cambio de su designación, se comprometía a acatar los llamados fueros: códigos de leyes que garantizaban el cumplimiento de los derechos de los ciudadanos. En los siglos sucesivos, el reino luchó por expandirse y por mantenerse unido ante la influencia musulmana, más patente en la zona media y sur del territorio. Sancho III el Mayor, quien reinó entre los años 1004 y 1035, consolidó la monarquía e inició un periodo de expansión hacia los otros reinos cristianos, ante los que implantó su hegemonía, hablándose en consecuencia de un periodo de esplendor y de conquistas tanto territoriales, a uno y otro lado de los Pirineos, como económicas y sociales para la población. Más o menos un siglo después el Reino de Pamplona pasó a llamarse Reyno de Navarra A finales del siglo XII irrumpió la figura de Sancho VII el Fuerte, a quien se le recuerda, sobre todo, por su victoria en la famosa batalla de las Navas de Tolosa en 1212, en la provincia de Jaén. Aparte de fama y prestigio, esta batalla contra el dominio musulmán fue un punto de inflexión en la Reconquista y dio a Navarra las cadenas que adornan su escudo. Navarra, en el siglo XIII, dio un paso decisivo hacia el futuro bajo la dinastía de la casa de Champaña y con los reinados de Teobaldo I, II y Enrique I como protagonistas. Poco a poco, se fueron dejando atrás las viejas formas y estructuras de vida y de gobierno, dando paso a otras más acordes con la época. En 1387, tras un periodo de fuertes luchas dinásticas, comenzó el reinado de Carlos III el Noble, quien puso en marcha una serie de cambios: edificó el castillo de Olite, unificó a los enemistados burgos de la ciudad de Pamplona mediante el Privilegio de la Unión e institucionalizó el Principado de Viana, paradigma de una época de esplendor en las distintas modalidades artísticas.
Esta particular
forma de autogobierno de los navarros, que perdurará a lo largo
de los siglos con diversas modificaciones, fue aceptada por Fernando el
Católico cuando ocupó los territorios del reino independiente
de Navarra, cuyas fronteras se extendían por aquel entonces al
otro lado de los Pirineos, en la vecina Francia. La incorporación
significó además una unión de iguales entre dos reinos,
con un reconocimiento expreso de los fueros y leyes navarras.
Años después, bajo la dinastía de los Austrias, Navarra siguió poseyendo una independencia judicial en materia civil, penal y administrativa, contando además con los correspondientes tribunales de justicia y con sus Cortes propias. Por otro lado, tuvo que lamentar la pérdida de sus territorios al sur de Francia. Sin embargo, con la llegada de los Borbones, a principios del siglo XVIII, se estableció una monarquía de corte centralista, al estilo francés, que chocó frontalmente con el espíritu de los fueros navarros. Era una época en la que la táctica política de Navarra fue la de acatar pero no cumplir, invalidando aquellas leyes españolas que contraviniesen el fuero. La Constitución Española de Cádiz de 1812 convirtió a Navarra en una provincia, sometiéndola al derecho común, aunque dos años más tarde se restauró la figura del viejo Reyno, contemplándose también sus instituciones propias, además de sus privilegios ancestrales, concretados en sus fueros. Estos vaivenes en el conjunto de la política española de la época, suscitaron, en consecuencia, muchos recelos en el Viejo Reyno. Por ello, las ideas liberales de principios del siglo XIX fueron recibidas con reticencia por los navarros, viendo en las mismas un peligro para la independencia foral. En este sentido, los seguidores de la causa carlista, con gran influencia en esta tierra, apelaron al mantenimiento de la tradición y de la peculiaridad navarras, por lo que puede deducirse que el enfrentamiento se hacía inevitable. Al final de la I Guerra Carlista, en 1840, Navarra tuvo que renunciar a su condición de reino, a sus Cortes, a su Diputación y a sus tribunales de justicia, y finalmente se convirtió en una provincia foral. Otras dos guerras carlistas transcurrieron durante el siglo XIX, como hitos sangrientos de una situación convulsa, derivada de la política implantada por el Gobierno central.
El siglo XX fue testigo de la evolución de una Navarra predominantemente rural a otra con un considerable componente industrial. En el terreno político, entraron en escena, sobre todo, el nacionalismo y el movimiento obrero. Los años treinta estuvieron trágicamente marcados por la Guerra Civil Española (1936-1939). Navarra no fue ajena a ella. En esta contienda, la mayor parte de su población se movilizó y desempeñó un papel crucial para la "victoria" final de los sublevados contra el régimen republicano establecido. Tras la muerte de Franco, la Constitución española de 1978 reconoció expresamente los derechos históricos de los territorios forales. En 1979 se eligió el Parlamento foral por sufragio universal y se constituyó la nueva Diputación. Tres años después, se promulgó la Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra, con la que se pusieron las bases para el desarrollo de una serie de competencias tanto tradicionales como de nueva creación. En la actualidad, Navarra es una de las 17 comunidades autónomas en las que se estructura España. En la Comunidad Foral conviven dos lenguas: castellano y euskara. Navarra posee un alto nivel sanitario y educativo. Prueba de ello son sus tres universidades, que agrupan a más de 30.000 estudiantes. Gobierno de Navarra y Parlamento son las principales instituciones de esta comunidad uniprovincial. Sus respectivos presidentes son Miguel Sanz, reelegido tras las recientes elecciones autonómicas, y Rafael Gurrea. El Parlamento está compuesto por 50 escaños: 23, Unión del Pueblo Navarro (UPN); 11, PSN-PSOE; 4, Convergencia de Demócratas de Navarra (CDN); 4, Izquierda Unida (IU); 4, Eusko Alkartasuna-Partido Nacionalista Vasco (EA-PNV); y 4, Aralar. El Presupuesto de Navarra para el año 2004 asciende a 2.7891,23 millones de euros, 4.896,59 euros por habitante. El 55,35 % del total se destina a gasto social. |
|
|
|
|
La Comunidad Foral de Navarra está situada en el Norte de España, en el extremo occidental de los Pirineos, donde mantiene 163 kilómetros de frontera con Francia. Tiene una extensión de 10.421 km2 y la flanquean por el Este, Huesca y Zaragoza; por el Sur, Aragón y La Rioja; y por el Noroeste, las provincias de Álava y Guipúzcoa (pertenecientes a la Comunidad Autónoma Vasca). La gran variedad geomorfológica, bioclimática y humana de Navarra se resume tradicionalmente en tres regiones de Norte a Sur: Montaña, Zona Media y Ribera. Pero al no ser suficiente esta clasificación para encerrar los contrastes existentes, estas tres regiones se subdividen además en comarcas. Así, la Montaña está formada por la Navarra Húmeda, los Valles Pirenaicos y las Cuencas Prepirenaicas; la Zona Media, por Tierra Estella y la Navarra Media Oriental; por último, las tierras del Sur, próximas al río Ebro, se dividen en Ribera Estellesa y Ribera Tudelana.
Navarra, según datos del Instituto de Estadística de Navarra, cuenta con una población total de 555.829 habitantes, lo que supone un incremento del 7,04% (36.552 habitantes) con respecto a los datos de 1991, según el Censo de Población y Viviendas del 2001. El crecimiento de las cabeceras de comarca y especialmente de Pamplona y su área metropolitana se ha producido en detrimento de la despoblación de territorios con predominio de pequeños núcleos rurales. Los Valles
Pirenaicos, Tierra Estella y la Navarra Media Oriental van perdiendo habitantes
desde principios de siglo XX; también lo hace, aunque de forma
más moderada la Navarra Húmeda, y sólo han crecido
ambas Riberas y la Cuenca de Pamplona, donde se concentra la mayor parte
de la población de Navarra.
Aunque con una incidencia relativamente pequeña sobre el empleo (5,9%), el sector primario tiene en Navarra un importante valor sociológico y aporta una exquisita materia prima al sector agroindustrial. Desde el punto de vista físico y geográfico, recorriendo Navarra de norte a sur, se pasa de forma gradual de territorios montañosos, de gran riqueza forestal, con abundancia de prados, cultivos de maíz y remolacha, y, por tanto, eminentemente ganaderos, a la Zona Media, donde ya dominan los cultivos cerealistas y forrajeros, los frutales, y últimamente plantaciones industriales, como el girasol y la colza. En la Ribera aumenta la extensión de la vid y proliferan los productos de la huerta, de fama bien ganada, que abastecen la tradicional e importante industria conservera de la comarca. Como testimonio
del prestigio de la producción agrícola y ganadera, se puede
mencionar las denominaciones de origen del queso Idiazábal para
la zona de Urbasa, queso del Roncal, espárragos de Navarra, pimientos
del piquillo de Lodosa, y vino de Navarra en las clases de tinto, rosado
y blanco. A éstas, cabe añadir la denominación de
calidad "Ternera de Navarra".
EMPLEO En el mes de abril de 2004 el número de activos era de 257.900 lo que representa un 55,38% del total de la población de más de 16 años. Los ocupados sumaban 242.700, de los cuales 145.100 eran hombres y 97.600 mujeres, con una tasa de actividad del 66,87% y 45,74% respectivamente. La tasa de paro es del 5,89% frente al 11,20% de España. IPC Los precios de consumo en Navarra subieron en abril de 2004 el 1,3% respecto al mes anterior, lo que sitúa la tasa interanual en el 2,5%, dos décimas menos que en el conjunto de España. PIB El Producto Interior Bruto a precios de mercado generados por la economía navarra en el primer trimestre de 2004 ha experimentado un crecimiento real de 3,4% frente al 2,8% de España, respecto al mismo trimestre del año anterior. IMPORTACIONES Y EXPORTACIONES Las exportaciones navarras en febrero de 2004 disminuyeron un 11% respecto a febrero de 2003, y en el valor acumulado hasta el mes citado el descenso interanual es del 9,5%. Este descenso se ha debido fundamentalmente a la caída de las ventas a países de la Unión Europea y a productos relacionadas con el material de transporte. Las importaciones disminuyeron un 0,2% interanual en el periodo de referencia, y en el acumulado hasta febrero el aumento es del 3,2% al superar las compras de origen europeo el descenso de las importaciones procedentes de EEUU. La tasa de cobertura (cociente de exportaciones entre importaciones) se sitúa en 115,8%, un 16% inferior a la registrada el año pasado.
En 1998, Navarra era la comunidad con el segundo PIB per cápita más alto de España, solo superada por la Comunidad de Madrid. Por encima de la media de los países de la Unión Europea únicamente permanecían estas dos comunidades junto con Cataluña. En 2001, seguía conservando esta posición, si bien hay otras tres comunidades autónomas que superan la media europea: Islas Baleares, Cataluña y País Vasco. Con respecto al resto de las regiones de la UE, Navarra se sitúa en el puesto 51 de las 266 regiones consideradas (NUTS-3), con valores similares a los de East Wales del Reino Unido, Rhône-Alpes y Alsace en Francia. El Viejo Reyno puede mirar cara a cara y con orgullo al futuro. La conservación de nuestras tradiciones y la búsqueda de una mejora en la calidad de vida hacen posible que Navarra sea un punto de referencia en este nuevo siglo. |
|
|